Federalismo o modelo federal

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Si atendemos a la defición de federalismo de Requejo “principio de organización del poder político que quiere combinar las ventajas de la unidad y de la diversidad entre dos esferas de gobierno que combinan el autogobierno de algunas entidades con un gobierno compartido”, analizamos el éxito de federaciones como Alemania (después de la Segunda Guerra mundial y a posteriori con la unificación tras la caída del muro de Berlín, formando una federación de 16 Länders), Estados Unidos, y como Canadá, a través de su federación y descentralización, ha logrado gestionar el nacionalismo de Quebec, podríamos afirmar que un modelo federal resolvería muchos de los problemas de integración plurinacional, distribución de competencias y discrepancias en cuanto a la financiación en los diferentes territorios de España, y que provocan constantes tensiones y conflictos entre las diferentes regiones del país. Pero, ¿por qué nadie contempla de una manera real un cambio hacia un modelo federal?

Para poder implementar un modelo federal en España, y atendiendo a los modelos expuestos, uno de los primeros temas que se debería afrontar es la centralización existente en Madrid. Virar hacia un modelo como el estadounidense, en el cual su capital Washington es la capital en términos políticos, Nueva York en términos económicos, California en términos tecnológicos, aportaría una mayor integración de las diferentes regiones dentro del país, y sobretodo equilibraría las posibilidades de expansión y desarrollo a lo largo de todo el país. Un ejemplo de ello, sería repartir las diferentes instituciones a lo largo del estado, como por ejemplo el Senado y el Tribunal Constitucional.

Un modelo federal resolvería muchos de los problemas de integración plurinacional, distribución de competencias y discrepancias en cuanto a la financiación en los diferentes territorios de España

Por otro lado, haría falta afrontar una revisión del pacto fiscal actual. De esta manera, con cada territorio estableciendo su propia fiscalidad, aumentaría considerablemente la competencia y las posibilidades de desarrollo que actualmente, las comunidades autónomas ven limitadas, haciendo atractivas las inversiones en los diferentes territorios, tal como sucede en Delaware. De esta manera podrían adaptar su sistema fiscal a los recursos de los que dispusiera, fomentando la inversión y el desarrollo. El pluralismo mediante mayor representación parlamentaria, y con un Senado más integrado (como institución) con una representación ecuánime para todos los territorios, estaría asegurado. Las decisiones que afectaran a todo el territorio estarían más consensuadas, y se agilizaría la burocracia evitando duplicidades.

En cuanto a la justicia, una descentralización conllevaría más independencia al poder judicial, y una mayor protección a los diferentes territorios, debido, como afirma Requejo, “a las ambigüedades constitucionales”. También se reduciría la posibilidad que los diferentes casos judiciales sean politizados y tratados por profesionales nombrados por los diferentes  partidos políticos mayoritarios, restando de esta manera fiabilidad a las sentencias que en la actualidad dictan.

A pesar de todos estos beneficios, tanto a nivel democrático como social, un modelo federal es de difícil implantación en España, debido la pérdida de poder y de influencia que supondría para los partidos políticos que han disfrutado del monopolio político de este país, después de una transición considerada ejemplar, pero que tuvo que integrar a muchos responsables y colaboradores del período franquista. Por ende, sin el voto a favor de estos partidos mayoritarios, sería imposible instaurar un sistema federal.

Con una facción conservadora extremadamente fuerte, y un progresismo imbuido de esta dinámica de privilegios y favores, parece muy complejo a medio/largo plazo el establecimiento de un debate útil al respecto y sobretodo, la instauración de un modelo federal en España.

Un modelo federal, planteado desde un punto de vista de un escenario plurinacional, aseguraría por un lado autogobiernos diferenciados en autonomías que lo reclaman  y también fomentaría la unidad de España tan defendida durante los últimos meses (atajando el debate de una posible secesión). Pero para establecer un cambio de este calado, llevaría implícito la aprobación por parte de la sociedad de este nuevo sistema de gobierno, haciendo inevitable plantear, dentro de este debate, la utilidad, pertinencia, conveniencia y futuro de una institución intocable y prácticamente considerada sagrada en este país como es la monarquía.

Con una facción conservadora extremadamente fuerte, y un progresismo imbuido de esta dinámica de privilegios y favores, parece muy complejo a medio/largo plazo el establecimiento de un debate útil al respecto y sobretodo, la instauración de un modelo federal en España.

Tucídides, “Historia de la guerra del Peloponeso”, Gredos, Madrid (1990) Discurso fúnebre de Pericles

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