Democracia Representativa vs Democracia Directa

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En la actualidad, dentro de los modelos democráticos actuales, todavía se debate respecto a la aplicación de medidas que mejoren la representatividad política de la sociedad o por el contrario doten a las diferentes democracias de una participación más directa. Es decir, Democracia Representativa vs Democracia Directa.

Giovanni Sartori, en “En defensa de la representación política”,  es un férreo defensor de la democracia representativa. Esta defensa la basa en dos premisas. Por un lado, la consecución del interés general, primar el interés colectivo frente al interés individual. Sartori lo define de la siguiente manera;

“La representación es incuestionable y ha de configurarse normativamente, ha de encontrar un equilibrio delicado entre receptividad y responsabilidad, entre rendición de cuentas y comportamiento responsable, entre gobierno de y gobierno sobre los ciudadanos”.

De esta manera, Sartori pone de manifiesto que la única democracia viable es la representativa, y que los representantes deben ser elegidos democráticamente por los ciudadanos y gobernar sobre los ciudadanos. Este tipo de democracia tiene que alejarse del mandato imperativo propio del período medieval, para aplicar un mandato representativo basado en el bien común, sin que interfieran intereses privados.

De esta manera, un gobierno se hace responsable de sus decisiones, cosa que por ejemplo no sucedía en las democracias antiguas, como en la ateniense, en la cual aparecían personas influyentes capaces de convencer a los ciudadanos para votar en favor de mociones, de las cuales a posteriori nadie se hacía responsable.

Por ende, eludir un mandato imperativo fomenta el debate, ya que las decisiones, como comentaba anteriormente, están condicionadas al bien común. Un mandato imperativo reduciría la capacidad de debate al priorizar los intereses privados de aquellas personas o grupos que han delegado el gobierno mediante este tipo de mandato revocable.

Giovanni Sartori, en “En defensa de la representación política”,  es un férreo defensor de la democracia representativa.

Por otro lado, la segunda premisa mediante la cual defiende la democracia representativa, es la capacidad de decisión derivada del conocimiento de la cuestión a decidir. Sartori considera que para tomar decisiones hay que estar preparado y tener un sólido conocimiento de aquello que se decide. Defiende la meritocracia, ya que en palabras suyas “devaluando la meritocracia no conseguimos sino demeritocracia: devaluando la selección no conseguimos sino la selección de lo malo, y devaluando la igualdad en función de los méritos no conseguimos sino la igualdad en el demérito”.

Sartori afirma que una democracia representativa, en la cual la decisión del ciudadano reside únicamente en elegir a su representante, puede seguir funcionando de manera óptima independientemente de sus conocimientos o nivel cultural, mientras que una democracia directa en la cual un ciudadano se encarga de decidir respecto a todos los temas que afectan al global de la población, está condenada al fracaso debido a la disparidad de conocimientos de los propios ciudadanos.

En cambio, Norberto Bobbio se sitúa en un punto intermedio. Considera que en una democracia representativa, la presencia de intermediarios resta capacidad de participación a los ciudadanos, pero también afirma “si por democracia directa se entiende estrictamente la participación de todos los ciudadanos en todas las decisiones que le atañen, ciertamente la propuesta es insensata”.

Bobbio destaca que una democracia representativa ligada a un mandato imperativo, la aproxima a una democracia directa, pero a pesar de ello, sigue sin serlo, debido a la presencia de un intermediario que impide la participación directa del ciudadano en la toma decisional, a pesar de que este intermediario pueda ser revocado.

Igualmente, una representatividad ligada a un mandato imperativo, también es inviable, ya que sería imposible cualquier tipo de negociación al revocarse el mandato en el caso de no aceptar las condiciones planteadas.

Bobbio considera la democracia directa inviable, ya que afirma que el Estado Moderno no puede funcionar con una asamblea de ciudadanos deliberantes o con referéndums, e incluso con los dos a la vez.

Uno de los planteamientos que realiza Bobbio, es la posibilidad de implantar un tipo de democracia u otro dependiendo la extensión del territorio. Es decir, en territorios donde por la extensión, el número de habitantes y el volumen de problemas sean reducidos, implementar una democracia directa basada en una asamblea de los ciudadanos, y donde estas variables sean más extensas, aplicar un modelo de democracia representativa, aunque es de recibo exponer que no especifica mediante datos numéricos o ejemplos reales cuáles podrían ser dichos territorios, ni cuáles deberían ser las condiciones necesarias o sesgos para su implementación.

La solución que plantea Bobbio para encontrar un punto intermedio satisfactorio para la ciudadanía, es la democratización social con el objetivo de realizar una distribución del poder dentro de la sociedad, para de esta manera conseguir una sociedad basada en la pluralidad que permita la creación de pequeñas oligarquías sociales que compitan de manera directa con las oligarquías representativas ostentadoras del poder. Mediante esta idea, se conseguiría distribuir el poder por un lado, y controlarlo por otro.

Bobbio considera la democracia directa inviable, ya que afirma que el Estado Moderno no puede funcionar con una asamblea de ciudadanos deliberantes o con referéndums, e incluso con los dos a la vez.

A modo de conclusión, la comparativa de ambos autores nos pone de manifiesto, que Sartori aboga por una democracia representativa sin fisuras, a pesar de sus defectos, mientras que Bobbio aboga por un punto intermedio, más cercano a una democracia representativa pero basada en la pluralidad para de esta manera asegurar un control de la representatividad política evitando así la aparición de oligarquías poderosas que pierdan de vista el objetivo del interés general, aplicando medidas en pro del interés particular.

Ambos descartan la democracia directa, Sartori por motivos de preparación para tomar decisiones que afecten directamente a la globalidad de los ciudadanos derivados del desconocimiento respecto a las decisiones a tomar, y Bobbio por la complejidad de los Estados Modernos que hacen inviable su instauración. Ambos rechazan el mandato imperativo ligado a la democracia representativa.

Respecto al cumplimiento de los criterios de un gobierno democrático planteados por Robert Dahl por parte de una democracia representativa o una democracia directa, es necesario plantear críticas a ambos modelos punto por punto:

Respecto a la participación efectiva: en la democracia participativa, es obvio que las diferentes políticas son discutidas por parte de los representantes electos. En este caso, al no existir un mandato imperativo, los representantes pueden variar sus puntos de vista o incluso sus discursos respecto a una determinada política, siendo diferente al inicial por el cual fueron electos. Esto plantea un problema, y es que la participación por parte de los miembros de la asociación (en este caso un estado) queda limitada al voto para elegir al representante en cuestión, y en ningún caso se ejecuta participación alguna en aportar su visión respecto a un determinado tipo de política. En cambio, en una democracia directa, sí que es cierto que podría ser más factible aportar el punto de vista particular respecto a una determinada política mediante referéndum o asamblea ciudadana (como planteaba Bobbio), pero una vez más topamos con el problema del volumen de población de los estados modernos.

Respecto a la compresión ilustrada: en este punto, es razonable pensar que las oportunidades para instruirse respecto a una determinada política no variarían mucho de un modelo a otro. Quizá se podría hablar de un mayor interés en una democracia directa, debido a la votación directa de una ley por parte del ciudadano, pero este punto estaría más ligado a la cultura política de un determinado territorio. Nada hace pensar que si un grupo de ciudadanos ejerce su derecho al voto en una democracia representativa sin analizar todos los programas electorales, vaya a realizar un esfuerzo en cuanto la votación no sea de programas, sino de leyes.

Respecto a la igualdad de voto: la democracia representativa parte con un hándicap en este punto, como son las fórmulas electorales. La conversión de los votos en representantes implica que en determinadas zonas pueda ser más sencillo obtener un representante respecto al volumen de votos necesarios dependiendo del tamaño de la circunscripción. Esto puede llevar a pensar que no tiene el mismo valor (en cuanto a relevancia) un voto en una zona que en otra. Respecto a una democracia directa, todos los votos tendrían el mismo valor numérico, al no ser necesaria una fórmula electoral.

Respecto al control de la agenda: en este aspecto, podemos volver a constatar el mismo problema anteriormente citado. En una democracia representativa, la agenda la marcan los representantes. En la democracia directa sería marcada directamente por los ciudadanos. Pero la dificultad de plantear una agenda basada en la opinión de todos los ciudadanos de un Estado Moderno nos vuelve a obstaculizar la efectividad y la eficiencia de este punto.

Respecto a la inclusión de los adultos: en este punto, no deberían haber diferencias significativas entre un tipo de democracia y otra. Los criterios establecidos serían los que marcarían la inclusión, y en este apartado no afectaría un tipo de democracia u otra.

A modo de conclusión es posible afirmar que desde un punto teórico cumpliría mejor los puntos de un gobierno democrático de Robert Dahl una democracia directa. Por el contrario, su aplicación sería poco práctica, y como afirmaba Bobbio, sería muy complicado que un Estado Moderno funcionara mediante esta metodología. Volviendo a Bobbio, la aplicación de una democracia directa sólo sería posible en zonas donde el volumen de población fuera muy bajo, y donde se pudieran aplicar todas las premisas de una democracia directa.

Entrevista a Nicolás Maduro y análisis sobre Venezuela

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